Júlia
Esta mañana, la niebla la recibió como siempre: sin preguntas. Júlia caminaba despacio por la playa, envuelta en una bruma que casi le tocaba la cara. Le gustaba venir temprano,
cuando no había nadie.
Cuando llegó al espigón, la niebla se abrió apenas un instante. Lo justo para que Júlia pudiera ver las dos barcas, quietas, con las velas levantadas como dos manos saludando desde lejos. Y entonces, sin buscarlo, sin quererlo, le vino a la memoria la figura de Josep, su marido.
Recordó su espalda ancha, el olor a sal que nunca se iba, y la manera en que él decía “torno aviat” antes de salir a pescar, aunque a veces el mar tardara más de lo previsto en devolvérselo. Recordó también cómo ella distinguía su barca entre todas, incluso en los días de niebla espesa como aquella. Bastaba una inclinación de la vela, un gesto mínimo, para saber que era él.
Júlia se quedó quieta. La niebla volvió a cerrarse, envolviendo las barcas y su memoria en un mismo silencio. No lloró. No hacía falta. Hay amores que no se despiden del todo; simplemente cambian de forma.
Y allí, en ese rincón de Sa Palomera, sintió que Josep seguía navegando de alguna manera, aunque fuera solo en la parte del corazón donde la niebla nunca termina de levantarse.
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Comentaris
Muy buen trabajo.
Un abrazo.
Un abrazo Jordi
Beleza de imagem também!
abraços, tudo de bom,chica
Buona serata
Nostálgico,pleno... lleno de matices y recuerdos.
Me ha encantado!
Un abrazo grande
Saludos.
Un abrazo.
Preciós text i fotografia, felicitats ; )
Aferradetes, Jordi.