Lo que el Arco no se calló



Otro punto de nuestro viaje fue la playa de las Catedrales, en Ribadeo (Lugo), un lugar que nos dejó fascinados por sus formas y por su belleza natural. Como siempre, la imagen viene acompañada de un pequeño relato, por si alguien quiere asomarse un momento y dejar que este lugar le susurre una pequeña historia.


                                   


Lo que el Arco no se calló

Brais y Uxía caminaban por la orilla. No se tocaban, pero tampoco se alejaban; mantenían esa distancia extraña que no se mide en pasos, sino en silencios. La espuma fría les mojaba los tobillos, pero lo que de verdad les helaba era la duda: ¿y si lo que sentían no era suficiente? ¿O si, por el contrario, era demasiado?

Al llegar al arco de piedra, no hubo gestos heroicos. Estaban cansados. Lo cruzaron con el alivio de quien deja caer los brazos tras sostener un peso durante mucho tiempo.

Al otro lado, el mundo se detuvo. Calló el mar, se paró el aire y el tiempo se puso en pausa. Fue como si la realidad necesitara verlos sin máscaras. De pronto, la piel dejó de protegerlos; no se volvió transparente, simplemente dejó de esconder. Todo lo que guardaban dentro salió a la luz.

Uxía vio en el pecho de Brais un sentimiento que la golpeó: no era una simple inseguridad, era pánico. El pánico de quien se entrega por completo y teme que no se queden a su lado. El miedo atroz a que la historia se repitiera, aunque él no tuviera la culpa de nada.

A Uxía le dolió verlo así. Porque ella también escondía algo que Brais sintió en cuanto sus manos se rozaron: el miedo a querer tanto que terminara por desaparecer. Temía dejar de ser ella misma, romperse de nuevo por amar demasiado. Y al sentir ese vacío, a él también le dolió.

Bajo la roca, la verdad no fue suave, pero sí clara. Él temía que ella se fuera; ella temía quedarse hasta borrarse. Entre esos dos abismos, su amor temblaba: inmenso y frágil a la vez.

No hubo reproches ni explicaciones. Solo dos personas mirándose desde sus heridas, comprendiendo por fin por qué todo pesaba tanto.

Cuando la marea les alcanzó las rodillas, el portal se cerró en silencio. Volvieron a la arena de siempre, pero algo en su interior ya era distinto. Se miraron y, esta vez, ninguno apartó la vista.

En ese pequeño gesto ocurrió algo nuevo: el miedo no desapareció, pero las ganas tampoco. No se arregló todo mágicamente, pero se abrió un espacio; un lugar donde intentar las cosas de otra manera.

No sabían qué pasaría mañana. Pero, por primera vez, sintieron que quizá no estaban tan rotos. Que aún quedaba algo vivo que merecía la pena cuidar.




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Comentaris

Momentos ha dit…
Jordi, hermoso relato, cuando la vida te ofrece otra oportunidad no hay que dejarla pasar, merece la pena volver a intentarlo, me encanto.
Que tengas un Feliz mes De Mayo, con felicidad
Besitos y todo mi cariño
Ernesto. ha dit…
Un relato, Jordi, que viene a señalar que el viaje en sí, el vuestro, no sólo fue gratificante sino que "percibió" esa real y delicada vivencia de los protagonistas.
Abrazos, Jordi.
Margaret D ha dit…
There is always hope according to your story, Jordi. Well that how I see it and a lovely one at that. Beautiful picture, arches are amazing when by or over part of the sea.
Luis Serrano ha dit…
Excelente narrativa Jordi. Un texto cuidado y trabajado con sensibilidad y conocimiento. Me ha gustado mucho. La foto, como ya es habitual en este blog, perfectamente encuadrada y procesada.
Abrazo
Elda ha dit…
Que hermosa fotografía Jordi. Conozco el lugar, esa playa de Las Catedrales es una maravilla construida por la naturaleza.
El relato muy bonito e interesante.
Un abrazo y que pases un buen domingo.
Anaximandro ha dit…
Me encanta este foto, con una nitidez extraordinaria y ese azul en el cielo que impacta. Y como siempre, aderezada con maestría por el relato.
Un abrazo, Jordi.
Paula ha dit…
Una foto extraordinària amb aquestes figures fetes de temps, cops d'aigua i vent.
Pel que fa al relat, sempre que les parts implicades volen, tot es pot intentar de nou.
Aferradetes, Jordi.
Antonio Rodriguez ha dit…
La playa de las catedrales es un lugar mágico donde la naturaleza ha tallado la roca creando belleza y una buena oportunidad para disfrute de la vista y de buenas fotografias. Y tu lo has complementado todo con un buen relato.
Un abrazo.
josep ha dit…
Molt bona història per a il·lustrar una magnífica imatge d'un lloc únic!
Una forta abraçada Jordi
Carme Rosanas ha dit…
Quina història més bonica i quanta profunditat en les seves imatges i metàfores. Hi ha moments intensos que no es poden explicar descriptivament ni detalladament, però tu ho expliqurs molt bé. Esperem que les ferides prèvies no facin mal a la relació que comença. Preciós conte, Jordi.

Una abraçada.
lunaroja ha dit…
Me gustó muchísimo tu relato, una historia de amor, aunque pueda no funcionar,pero se intenta, se deja abierta esa puerta a , como dices, estar de otra manera.
Qué bonito de verdad, tan delicado,tan cierto, porque las relaciones son así, idas y venidas,encuentros y desencuentros.
Ese mágico lugar propició un encuentro desde la parte más amorosa de cada uno, la parte más sana.
Gracias por este relato!
Un abrazo.
Esmeralda ha dit…
Bonica història . Tots portem una motxilla . Cal saber que guardar i que llensar
Abraçades
Conchi ha dit…
Espero que sí mereciera la pena continuar, siempre hay una segunda oportunidad.

Saluditos.
silvioafonso ha dit…
Olha, vamos dar uma força ao blog dessa meninas, vamos!
Obrigado, valeu mesmo!

https://abonequinhadacaixinha.blogspot.com/
Jordi
Em va fascinar la imatge.
I també em van fascinar les paraules.
A més de ser un bon fotògraf, també sap escriure amb talent i mestria.
M'ha agradat!
Que tinguis una bona setmana.
Beso
:)
Jesús Castellano ha dit…
Un lugar de gran belleza, Jordi, que bien has sabido elegir el encuadre para hacerle una gran fofo.

Saludos.
Gumer Paz ha dit…
Muy bonito, Jordi. Ese arco convertido casi en un lugar de verdad y de revelación interior funciona de maravilla dentro del relato. Y la imagen acompaña perfectamente esa sensación entre fragilidad y esperanza. Una abraçada :)
Maria Rodrigues ha dit…
Precioso texto e magnífica fotografia.
Abraços
Rajani Rehana ha dit…
Beautiful blog
Rajani Rehana ha dit…
Please read my post
Laura. M ha dit…
Y el arco les habló. Un relato donde afloran los sentimientos más íntimos. La naturaleza y su magia. Parece que se unen en un beso. Esta no la conozco. Pero si otras que e quedan grabadas cuando las vemos.
Gracias Jordi. Buena semana.
Un abrazo.
Ildefonso Robledo ha dit…
Bello relato y bella imagen. Buen trabajo, amigo
Un saludo
Manuel ha dit…
Gracias, Jordi, por tan lindo relato, con una imagen que le viene como anillo al dedo, de un lugar encantador, y que como no podía ser de otra forma te ha servido de fuente de inspiración.
¡Chapó! amigo. Lo has bordado.
Un abrazo.
Catalin ha dit…
An impressive place.
silvia de angelis ha dit…
Sotto quell’arco che svela le ferite, il mare sembra trattenere il respiro.
E in quello spazio sospeso, il coraggio di restare diventa più forte della paura di perdersi.
Un caro saluto
Valdo ha dit…
Estupendo Jordi amigo, muy muy bueno, excelente en contenido y en redacción. Realmente te felicito.
Ese arco simboliza una metáfora preciosa de cuando lo emocional surge en toda su pureza, tu relato es íntimo y delicado con el que construíste una profunda tensión afectiva sin caer en dramatismos exagerados. Perfecto.
El final es bello, claro. Sos un gran escritor, debe ser hermoso estar en esos lugares y ponerse a escribir.
Un abrazo cordial.
Montse ha dit…
Una imatge maravellosa, sembla un somni ple de bellesa.
Molts petons!
qui sap si... ha dit…
Un pont amb dos peus.
Un amor amb dos silencis.
Una veritat, una fugida.
De vegades endavant,
de vegades s’atura.
Un pont amb dos peus.
Un arc que els uneix.
Un espai per a cadascú
que hi vol passar.
Al final,
molls de temps i dubtes,
de paraules no dites
que de vegades
no són silencis.
Passar pel mig,
caminar entre les pedres,
mirar endavant
i esperar...