En la segunda parte del viaje llegamos a A Coruña y nos recibió un viento increíble, de esos que que te empujan. El cielo estaba cubierto de nubes oscuras que se movían rápido hacia la costa, y el mar no dejaba de rugir, golpeando las rocas con muchísima fuerza.
Nos quedamos un rato en el mirador del paseo, simplemente mirando. Era impresionante ver las olas: parecían paredes de agua gigantes que se rompían justo delante de nosotros, llenando la playa de espuma blanca.
Estando allí tan cerca, sentimos toda la energía del océano. Te hace pensar en lo pequeños que somos comparados con algo tan grande, pero a la vez te da una sensación de libertad muy bonita, como si conectaras con la naturaleza de verdad.
Al final, aunque el viento y el ruido seguían ahí, el miedo se nos quitó por completo. Nos quedamos con una tranquilidad muy honda, con la sensación de que la fuerza de la vida nos estaba dando un abrazo.

Comentaris
La fotografía es preciosa, tiene una perspectiva extraordinaria.
Disfruté mirándola, y leyendo tu visión.
Un abrazo y buen domingo.
Buona domenica
Saludos.