El lugar donde me apago
Llevo tantos días aquí que ya he dejado de contarlos. Sigo atado a este arco metálico, condenado a la misma esquina, viendo cómo las motos de delante llegan y se van sin descanso. Ellas brillan, rugen, avanzan hacia algún lugar. Yo solo tengo esta acera fría.
A veces, una arranca tan cerca que me hace temblar. Por un instante, el eco del motor despierta en mí la memoria de lo que era moverme: unas manos pequeñas aferrándome, el asfalto corriendo bajo mis ruedas, la sensación de que nada podía detenernos. Pero el recuerdo se disuelve, igual que mi color bajo el sol.
Las motos regresan siempre con historias nuevas; traen el polvo de otros viajes, otras prisas, otra gente. Mientras tanto, yo permanezco aquí, cada día un poco más sucio, un poco más torcido, un poco más invisible.
No estoy roto. Solo espero a que alguien recuerde que, alguna vez, fui parte de una vida.

Comentaris