Puente de Les Peixeteries - Girona
Imagen esditada con Google fotos
Era tarde, y la pareja decidió cruzar el puente. El aire estaba frío, y la geometría metálica del túnel proyectaba sombras que parecían moverse solas. Al principio caminaron juntos, cogidos de la mano, pero pronto notaron algo extraño: el puente parecía más largo de lo habitual, como si se estirara bajo sus pasos.
A mitad de camino, escucharon un murmullo. No era el viento. Eran voces, susurrando sus nombres. Primero suaves, luego más insistentes. Las frases eran íntimas, imposibles de conocer para nadie más: recuerdos de discusiones, promesas rotas, secretos nunca confesados. El puente los estaba desnudando.
Se giraron, convencidos de que alguien los seguía. El pasillo estaba vacío. Pero las sombras no coincidían con sus movimientos: una se adelantaba, otra se detenía, y una tercera parecía esperarles en silencio.
El miedo los empujó a avanzar más rápido. Querían llegar al final, escapar de aquel juego de ecos. Pero al acercarse, vieron algo que los detuvo en seco: otra pareja idéntica a ellos, esperándolos. Los mismos gestos, la misma ropa, la misma mirada. Solo que los dobles no sonreían. Observaban, inmóviles, como si estuvieran decidiendo quién debía quedarse… y quién debía cruzar.
Las voces callaron. El puente tembló. Y en ese instante comprendieron que no había salida: el inicio del puente había desaparecido, tragado por un vacío interminable. El único camino era hacia adelante, hacia sus propios reflejos.
Jlp
Entre palabras e imágenes hoy, también hay espacio para la música. Os traigo un proyecto que convierte la oscuridad en belleza.
Cuando descubrí Black Winter Rock, comprendí que su propósito iba mucho más allá de componer canciones: lo que buscan es crear espacios sonoros que envuelven y transforman.
Su música, entre el rock melódico y el metal con tintes poéticos, abre un territorio donde el invierno se convierte en lenguaje y las sombras adquieren voz propia. No se trata de melodías convencionales, sino de paisajes emocionales que invitan a caminar por la frontera entre la luz y la oscuridad.
Black Winter Rock es un proyecto híbrido, nacido del encuentro entre la sensibilidad humana y la potencia de la inteligencia artificial. Esa unión les permite construir un universo único, donde cada acorde es memoria y cada verso es deseo. La oscuridad, lejos de ser un vacío, se convierte en belleza, en un espejo donde reconocerse.
Su identidad es la de una voz sin rostro, una presencia que canta lo que otros callan y que nos recuerda que la música no siempre necesita gritos ni artificios: también puede ser un silencio compartido, un espacio íntimo donde las emociones se revelan con fuerza inesperada. Escucharles es entrar en un invierno interior, frío y profundo, pero lleno de matices, como si cada canción fuera un fragmento de un diario escrito en la penumbra.
Os dejo un video y el enlace de su pàgina en Youtube.
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Comentaris
Una edició de fotografía que m'encanta i la música (que desconeixia) és la cirereta que ho uneix tot.
Aferradetes, Jordi.